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Funciones de variable compleja

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A fines de noviembre de 2003 andaba sin carro y me dio la cola desde Piedra Azul el colega y antiguo alumno Adelmo Ortiz Conde. En el trayecto, que se nos hizo breve gracias a la grata conversación, me contó acerca de sus estudios de postgrado en los Estados Unidos. Lo que sigue recoge en parte lo que ese mismo día (24/11/2003) publiqué en el foro interno de los profesores de la Universidad Simón Bolívar, ampliado por datos que he obtenido a través de Internet y por una reciente conversación que sostuve con Adelmo en el laboratorio de dispositivos electrónicos, planta baja del edificio de Electrónica de la Universidad Simón Bolívar. Lo visité para curiosear sobre la investigación que con él está realizando mi ex-alumna Andrea Sucre, integrante de una de las últimas promociones de ingenieros electrónicos de la USB.

Me dijo que su solicitud de admisión a la Universidad de Florida, en la cual obtendría el doctorado en 1985, le fue negada inicialmente por que su manejo oral del idioma ing…

Raúl Valarino, pionero de la ingeniería eléctrica.

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El meollo de este recuento lo escribí en el 2003, hace doce años, cuando me movían serios deseos de abordar una historia ligera de la enseñanza de la ingeniería eléctrica en Venezuela. Ligera en el sentido de que la falta de una fecha precisa no debía originar un perfeccionismo paralizante y que tampoco debía carecer de anécdotas. En ese entonces pensé que la mejor manera de ir organizando los recuerdos, era centrarse en los profesores de la institución pionera, la Universidad Central de Venezuela, y que Melchor Centeno era el punto de partida obligatorio. Sin embargo sólo realicé estas cortas líneas sobre Raúl Valarino Hernández, personaje que unió el ejercicio profesional a la docencia y que alguna vez quiso incursionar en la política. Pensé seguir con el maestro Armando Enrique Guía, pero ni siquiera su familia, a la cual contacté a través de la Internet, me dio respuesta alguna y seguí dependiendo sólo de la escasa información que sobre él disponía. Abandoné el proyecto, pero pens…

Con bolívares y sin cédula.

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Del deporte en el San Juan de mis tiempos (1943/1958)

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Ya que llegué a San Juan de los Morros quince días antes de cumplir los cinco años, muy probablemente la primera instalación deportiva que conocí fue la rudimentaria cancha de volibol erigida en el medio del patio de la Escuela Aranda: dos vigas doble T todo oxidadas, sin ninguna capa de pintura protectora, empotradas con concreto al patio de tierra, donde colgaban la malla que algún maestro guardaba. Sé que los parales eran de metal y no de madera, porque cuando la cancha fue reubicada hacia el lado oeste cortaron esos parales, seguramente con una segueta por lo que no lo hicieron a ras de tierra y los tocones quedaron sobresaliendo. Al inicio de un año escolar, época en la cual el monte de patio estaba bien alto, yo me lancé corriendo a través del patio durante el recreo y me llevé uno de los tocones con la parte delantera de mi pierna izquierda, a la altura del tobillo en la parte no protegida por el zapato. Como testimonio me quedó una gruesa cicatriz de más de un centímetro de l…