domingo, 30 de marzo de 2014

Del noreste a Sartenejas


La primera mención sobre la ubicación física definitiva de la Universidad de Caracas que aparece en los “Documentos de la Universidad Simón Bolívar 1967-1969” data de finales de junio de 1967. Un informe de la Comisión Organizadora señala la inclinación por el este de la ciudad de Caracas, seguramente en tierras del estado Miranda. En noviembre de ese año se habla de operar los primeros dos o tres años habilitando edificaciones como unidades de vivienda del Banco Obrero o liceos,  las cuales se destinarían luego a su uso original o quedarían como bienes a rentar. Para la ubicación definitiva en la zona del este se mencionan La Urbina y Sartenejas. Ya con el concurso del asesor designado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) Wilhelm Mächler Fehr (Don Guillermo, como yo lo llamaba con cariño), en enero de 1968 se habla de Los Teques, de los Valles del Tuy y en particular Santa Lucía, de Sartenejas con bajas posibilidades debido a los problemas de transporte y al elevado costo del terreno y de La Urbina, que se desechó por el elevadísimo costo de los terrenos, 50 bolívares por metro cuadrado, cuando el Banco Obrero había ofrecido 20 bolívares, precio que todavía se consideraba bastante alto. Más adelante se habla de los terrenos de la Hacienda “Caicaguana” colindantes con la urbanización La Lagunita, que disponía de algunas vías de comunicación. En marzo el Dr. Mächler rechaza razonadamente la ubicación definitiva en El Helicoide propuesta por el Banco Obrero, la cual ni siquiera consideraba apropiada para su uso en forma temporal. Se menciona de nuevo a Sartenejas, con un costo que doblaba el precio estimado por la Comisión Organizadora de la Universidad, a Santa Rosa de Lima, a Los Teques y a la Hacienda Montalbán-La Vega, con un área aprovechable cercana a las cien hectáreas deseadas, pero con un costo muy elevado. En algún momento se mencionó la ubicación en la intercomunal de El Valle, o en el edificio Mereani en la avenida Andrés Bello. En ese mismo mes, en un informe general sobre la institución se detallaban los recursos económicos recibidos en 1967, los asignados para 1968 y los requeridos para 1969. En el último párrafo del documento se informaba que las cantidades mencionadas no incluían aporte alguno para solucionar el problema de adquisición de terrenos, ni para construcciones ni tampoco para alquileres de edificios. Se señalaba que tales recursos serían objeto de consideración especial por parte del Ejecutivo Nacional, por órgano del MOP y que se esperaba la pronta asignación de los recursos tanto para la adquisición de los terrenos, como para las construcciones provisionales.
El Helicoide, una posible sede
De la reunión posterior que sostuviera la Comisión Organizadora con el Ministro de Obras Públicas, se eligió la hacienda Sartenejas tanto para las instalaciones provisionales como para las definitivas. Se visitó el sitio el día 19 de marzo y se ratificó que los terrenos reunían las condiciones necesarias para la ubicación definitiva del Núcleo principal de la Universidad de Caracas; se señaló que la vialidad y otros servicio existentes permitirían, sin muchos gastos adicionales, la construcción de las edificaciones provisionales. El dueño, Antonio Santaella, ratificó su oferta de venta y su disposición a permitir la iniciación de las construcciones provisionales una vez que se llegara a un compromiso sobre la compra-venta. Informó que la parte de la hacienda dedicada a cultivos sería desocupada en un plazo de noventa días, conforme al convenio que él tenía con la Federación Campesina. También informó que de la venta quedaría excluida una extensión de unas veinte hectáreas a la entrada del valle en la parte plana de la hacienda, correspondiente al “Gran Coliseo de Caracas”, que estaría destinado a corridas de toros y a espectáculos de carácter cultural. Ya existían las bases de concreto del tendido norte de dicho coliseo, las cuales fueron aprovechadas hace muchos años para edificar la Casa del Estudiante.
Manga de coleo, al fondo la carretera que
          sube a la urbanización El Placer
Para el coso se había planificado un estacionamiento para cinco mil automóviles, cuyo uso podría convenirse con la Universidad de Caracas. También excluía la oferta la casa principal de la hacienda y otras construcciones adyacentes, pero que se podrían incluir en las negociaciones. El 21 de marzo el Presidente de la Comisión Organizadora, Luis Manuel Peñalver, recibió una comunicación del ingeniero José Sandoval del MOP, en la cual le comunicaba las resoluciones que había tomado ese Ministerio: 1) La preparación del decreto de expropiación de los terrenos de Sartenejas ofrecidos en venta al Banco Obrero, para llevarlo como Punto de Cuenta al Gabinete el 26 de marzo. 2) La encomienda a la Dirección de Bienes y Servicios para la preparación de un avalúo tentativo, en la forma más rápida posible. 3) La necesaria formación de una Comisión Negociadora integrada por el MOP y la Universidad Experimental, para tratar lo relativo a la adquisición y ocupación de los terrenos con los propietarios o sus apoderados. 4) La preparación del diseño de las instalaciones para mil estudiantes iniciales, con base en los elementos prefabricados existentes en el MOP. 5) La expedición de las órdenes pertinentes para que los Talleres del MOP comenzaran a preparar los elementos prefabricados requeridos para reponer los que se iban a emplear y para complementar la demanda de las instalaciones de la Universidad y 6) La instrucción de que instalaciones iniciales señaladas se ubicaran en el terreno de forma tal que no estorbasen las construcciones definitivas. En reunión de la Comisión Organizadora del 22 de abril, el Dr. Peñalver expresó que el Dr. Leopoldo Sucre
Figarella, Ministro de Obras Públicas, le manifestó que se estaba en el proceso de perfeccionamiento del avalúo de los terrenos de Sartenejas, para entrar en conversaciones con los dueños esa misma semana. Parecía que el procedimiento que utilizaría el MOP sería el de negociación, porque se pensaba que la expropiación podría alargarse y resultar costosa. El Ministro había insistido en que Gobierno tenía la intención de adquirir los terrenos y había manifestado a las altas autoridades ejecutivas la necesidad de solucionar ese problema en el mes de abril, a fin de que hubiera tiempo de construir los edificios provisionales para iniciar los cursos en octubre. Teniendo en cuenta que las cosas en palacio, van despacio, el 13 de mayo el Dr. Peñalver anunció que visitaría al Ministro de Obras Públicas, para acelerar las gestiones sobre los terrenos y las construcciones provisionales.
Como resultado de la entrevista sobre los terrenos antes planteada, a finales de mayo la Comisión Organizadora recibió de su Presidente los detalles pertinentes. El Ministro de Obras Públicas le había informado que el avalúo de los terrenos de Sartenejas alcanzaba un valor cercano a los 34 millones de bolívares, incluyendo los terrenos reservados por la Compañía Anónima Bosques de Sartenejas para el Coliseo de Caracas, e igualmente los terrenos y edificios correspondientes a las casas de habitación del Sr. Santaella y de sus familiares. El Ministro consideraba el precio bastante alto y señaló que el proyecto de Decreto de Expropiación estaba listo, pero que preferían llegar a un acuerdo, para lo cual había autorizado al Dr. Peñalver para hablar directamente con los interesados, a fin de ajustar un precio razonable. En consecuencia el Dr. Peñalver se había reunido con el Dr. José González González, representante de la firma Bosques de Sartenejas y había invitado a la Directiva de la misma a una reunión que se efectuaría esa misma tarde en el MOP con el ingeniero Manuel Corao. Después de la conversación con el Dr. González, se resolvió enviar una comunicación a la Compañía, manifestándoles que la Universidad de Caracas había recibido información del Ejecutivo de disponer de veinticinco millones para la adquisición de los terrenos, suma que se proponía como base de la negociación.
En el informe que el Presidente de la Comisión Organizadora presentó el 12 de junio, el primer punto se refirió especialmente al asunto de los terrenos para la Universidad. La Compañía Bosques de Sartenejas había rebajado el precio a 30 millones de bolívares y el MOP había elevado su oferta inicial de 22 millones a 25 millones. Vislumbrando que la negociación podría no darse, se habló de la búsqueda de otros terrenos. También se trató sobre el tipo de construcciones: estructuras prefabricadas para escuelas rurales o edificios de carácter más definitivo, de tres o cuatro pisos y la necesidad de tener un proyecto definido en el año 69. La oferta del MOP de 25 millones, según se informó en reunión de 1º de julio, fue aceptada por la Compañía Bosques de Sartenejas. Dado el estado de las negociaciones, en la misma reunión se habló de la necesidad de elaborar un informe para el Ministerio de Educación sobre apertura de cursos y organización de la Universidad. El 8 de julio se informó que la Compañía Bosques de Sartenejas estaba en quiebra y que posiblemente los acreedores no objetarían la negociación. Para el 15 de julio el ministro Sucre Figarella había pensado en la utilización o adquisición de los terrenos en Los Naranjos, alternativa que fue definitivamente descartada una vez realizados los estudios topográficos. En esa fecha se habló de nuevo sobre el precio de los terrenos de Sartenejas, estimándose que no valían más de 20 millones. En la reunión de la Comisión del 8 de agosto se informó de la ruptura de la negociación de los terrenos, por discrepancias en el número de hectáreas planas ofrecidas (50) y el número verificado por el MOP (30). El Ministro de Obras Públicas resolvió ir a la expropiación, mientras que la Compañía Bosques de Sartenejas buscaba un avenimiento a través de la Procuraduría General de la Nación, ratificaba la suma de 25 millones y detallaba las pendientes de todos los terrenos.
Cuando aparece el 27 de agosto de 1968 el Decreto 1.177 por el cual se declara como zona afectada por la construcción de la Universidad Experimental de Caracas, una extensión de terreno de propiedad particular ubicada en la jurisdicción del municipio Baruta, daba la impresión de que la materia había llegado a su punto final. Las coordenadas del campus especificadas en el decreto firmado por el Presidente Raúl Leoni, están referidas a la estación de triangulación Loma Quintana, cuyas coordenadas son 10°30’24” N 66°55’66” W. Una estación de triangulación es un punto de la tierra cuya posición ha sido determinada por triangulación. El punto origen antes descrito en grados, minutos y segundos, cae en la misma colina que desde 1888 aloja al Observatorio Cajigal, en pleno centro de la vieja Caracas, en las inmediaciones del cerro El Calvario, parroquia 23 de Enero. Al día siguiente aparece una nueva alternativa en los alrededores de Los Teques, correspondiente a los terrenos del Haras Shangri–La de los Hermanos Azpurua más unos vecinos pertenecientes al señor Alfredo Toledo. Se objetaba su situación remota, a una hora de Caracas y que su belleza no era comparable con la de Sartenejas. La gran ventaja era el precio total, unos cinco millones de bolívares, muy por debajo del costo de Sartenejas, lo que había impulsado al MOP a tratar de parar el decreto de expropiación de Sartenejas, pero no pudieron porque ya estaba publicado en la Gaceta Oficial. La opción de Los Teques se descarta a principios de setiembre, por varias razones: 1) En virtud a su nombre, la Universidad de Caracas debería estar en el área metropolitana. 2) Su ubicación cercana a Los Teques causaría confusión e interferencia con el núcleo allí creado por la Universidad Central de Venezuela. 3) La distancia desvirtuaría la idea original de su creación. 4) La inadecuada forma alargada, angosta y sinuosa de los terrenos y 5) La economía del costo sería contrarrestada por la necesidad de construir residencias para profesores y alumnos.
Para setiembre y habiéndose rechazado los terrenos de Los Teques, se esperaba un arreglo favorable con respecto a Sartenejas, gestiones que estaban en manos de la Procuraduría y se anunciaba la próxima firma del arreglo con los dueños. El 30 de setiembre el Dr. Eloy Lares Martínez, Procurador General de la República y miembro de la Comisión Organizadora de la Universidad de Caracas, informó sobre el convenio de avenimiento firmado con la Compañía Bosques de Sartenejas, indicado que el área a adquirir comprendía todo el valle, incluyendo la parte del Coliseo de Caracas. El convenio acordaba la designación de los peritos para el avalúo. Se conversó sobre un plazo mínimo de cinco a seis meses para terminar las construcciones iniciales, tomando en consideración la desocupación de los terrenos, el levantamiento topográfico y pruebas de suelo con estudios de laboratorio, el proyecto de fundaciones y movimiento de tierra, la necesidad o no de pilotaje, obra bruta con tres placas para cada edificio de dos plantas y el acabado final. En octubre, las gestiones ante el Ministerio de Educación condujeron a una visita del ministro Siso Martínez a Sartenejas, quien conversó con el señor Santaella y éste le ofreció la donación de los muebles coloniales de la casa. También se habló de efectuar el aviso de apertura de las preinscripciones y la rueda de prensa sobre la iniciación de los trabajos en Sartenejas, ocasión para la cual el señor Santaella ofreció una ternera. Para diciembre el informe de los peritos estaba retrasado, por la renuncia del que había designado el señor Santaella, al estar en desacuerdo con los otros dos. También había retardo en el avalúo ante la Contraloría de las bienhechurías de los pisatarios, los agricultores que pagaban arrendamiento por las tierras que cultivaban.
Los pisatarios no estaban muy dispuestos a marcharse

E 21 de marzo de 1969 el Dr. Lares Martínez, ya en su carácter de Rector de la Universidad de Caracas, informó que las conversaciones con el señor Santaella en busca de una negociación privada por los terrenos habían sido largas e infructuosas, lo que condujo al decreto de expropiación, al nombramiento de peritos valuadores y a la ocupación de los terrenos y las casas que se habían ido desocupando. Los peritos  no habían podido cumplir su cometido al haber renunciado el arquitecto Enrique Matamoros, designado por del señor Santaella y la decisión de éste de no nombrar un sustituto, a menos que la Contraloría los removiera a todos, pretensión que el organismo no aceptaba. Los otros dos peritos, el ingeniero Ruperto Mac Quhae, representante de la Nación y el ingeniero Pedro Emilio Herrera, nombrado de mutuo acuerdo entre las partes, estimaban como precio máximo 22 millones de bolívares y las aspiraciones de Santaella no bajaban de los 33 millones. Siguió informando el Rector que el arquitecto José Hoffmann ya había elaborado los proyectos para los primeros edificios, cuya construcción había sido encomendada por el MOP a la Compañía Anónima Técnica Constructora. Ésta ofrecía terminarlos en cinco meses y medio, siempre que le entregaran a la mayor brevedad los proyectos para el tratamiento de las aguas negras y la captación de las aguas blancas, que el MOP remitiera a la Contraloría el contrato para su debida aprobación y que el MOP realizara los pagos con regularidad. El MOP había pintado la casa de la hacienda, la cual se había destinado a las autoridades universitarias, y había colocado luces de neón, las cuales el Rector pidió al MOP que fueran cambiadas por no armonizar con el estilo de la casa; también les solicitó otras modificaciones que convirtieran a dicha casa en una digna oficina rectoral.
Casa Los Naranjos, aspecto en los años 60.
La casa grande, donde se asentó el Rectorado

El nuevo Rector Ernesto Mayz Vallenilla, en reunión del 27 de agosto informa que los planes de las edificaciones provisionales estaban muy avanzados y que las autoridades universitarias habían realizado gestiones para la expropiación de los terrenos limítrofes de la Hacienda Sartenejas. Al día siguiente destaca que los lotes situados al sur de Sartenejas ocupan una importante extensión de tierra, cuya urbanización por terceros entorpecería el desarrollo de los planes de la Universidad. A principios de setiembre la autoridades universitarias formulan por escrito al Ministro de Educación, Héctor Hernández Carabaño, el perfeccionamiento de la expropiación. Señala que el establecimiento de vecinos podría causar molestias entre ellos y la población universitaria y que había que decretar la expropiación con urgencia, antes de que el valor y precio de los terrenos aumentara como lógica consecuencia del comienzo de las construcciones universitarias. Otro lote de terreno que consideraban necesario expropiar era aquel donde funcionaba el Club Sartenejas, del lado este de la carretera, frente al valle y cuyo destino sería el de servir como sede al Instituto Universitario de Tecnología. La respuesta del MOP fue ordenar la mencionada expropiación, gestión que contaba con el respaldo del señor Presidente de la República. A mediados del mes el Dr. Rivero Palacio informó que los topógrafos del MOP que estaban haciendo el levantamiento de Sartenejas, habían recibido instrucciones de levantar también los nuevos terrenos solicitados. Sobre las construcciones, señaló que sólo se disponía de un plano en escala 1:5.000 y que era necesario hacer un levantamiento aéreo a escala 1:500, cuyo costo era de 130.000 bolívares (un poco más 30.000 dólares al cambio de 4.30). Visto con la óptica del siglo XXI y Google Maps, esto no deja de sonar a prehistoria.
En septiembre de 1969, cuando vine por primera vez a Sartenejas junto con Roberto Chang Mota y Luis Fábregas, pude ver como las caballerizas de la casa de la hacienda empezaban a tomar la fisonomía de galpones. Ese nombre no era del agrado del Rector Mayz, razón por la cual los hizo llamar pabellones. En el sitio nos recibió el Vicerrector Administrativo Federico Rivero Palacio, quien estaba coordinando la construcción y mientras hablábamos recorrimos las incipientes edificaciones que albergarían las primeras aulas. Palas, picos, tobos, cucharas de albañilería y aperos de montar compartían el espacio con caballos, jinetes, obreros y caporales, bajo una atmósfera donde el olor a forraje y a estiércol se mezclaban con el del cemento que terciaban con arena y agua en el lugar. El Decreto de Expropiación de las zonas limítrofes fue firmado el 19 de noviembre de 1969 por Rafael Caldera, Presidente de la República. Para marzo de 1970 la Consultoría Jurídica informó sobre la situación de los pisatarios, los cuales no estaban pagando arrendamiento ni a los antiguos propietarios de los terrenos ni a la Universidad. Por otra parte, el MOP había pagado las bienhechurías a varios de los pisatarios y continuaría haciéndolo. Para mi, en la preocupación que en ese momento surgió acerca de la conservación del buen aspecto de esos terrenos una vez que se hubiesen retirado los pisatarios, está la semilla de los jardines, una parte importante de la identidad del campus de Sartenejas. En abril el Rector informó haberse enterado de un problema existente con el decreto de expropiación de los terrenos adyacentes, por la suma de dinero que representaba la expropiación de ciertas parcelas. Todos los miembros de la Comisión Organizadora estuvieron de acuerdo en la necesidad de defender a toda costa esos terrenos y que si existió algún error de cálculo en el precio, era imputable al MOP. Más adelante y de acuerdo con el Director de Bienes y Servicios del MOP, se convino en principio en reducir la expropiación de las áreas al sur de la Universidad, a una franja que estableciera la necesaria separación con la Urbanización Monte Elena, debido a los altos costos. El recuento del año 1970 sobre los terrenos, finaliza en abril con el anuncio de creación en el Departamento Vargas de un Instituto Tecnológico Universitario dependiente de la Universidad. Aquí se empieza a vislumbrar lo que, dentro de la concepción de Núcleos de la Universidad, sería a la postre el Núcleo del Litoral, cuya interesante historia espero poder narrar.

Como punto final debo asentar que ignoro cuánto se pagó finalmente por el Valle de Sartenejas, pero sí que la cancelación se hizo con Bonos de la Nación, los cuales no podían ser cobrados aún varios años después de emitidos. En las colinas del Valle de Sartenejas estaba planificada la Urbanización Monte Elena (en honor a Doña Elena de Santaella),  de la cual se llegó a construir la primera etapa, vendida y habitada, cuyas dos entradas están al lado del Departamento de Mantenimiento, frente a la salida de la universidad y frente a la entrada del Parque Tecnológico de Sartenejas (PTS). La segunda etapa, que abarca los terrenos del PTS, donde están el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), el Instituto de Ingeniería y el Instituto Universitario de Estudios Musicales, fue afectada por el segundo decreto de expropiación ya mencionado. La tercera etapa quedaba del otro lado de la autopista, en la actual vía hacia Monte Claro, zona que fue invadida a raíz de la muerte de Don Antonio Santaella.

jueves, 27 de febrero de 2014

Obtener los mejores profesores, evitar los peores alumnos.



Para el año 1968 las actividades de la Comisión Organizadora de la naciente Universidad de Caracas estaban focalizadas en tres puntos: la búsqueda de los terrenos en los cuales se construiría la planta física de la Universidad, la contratación de personal docente idóneo y la captación de estudiantes. A medidos de junio dicha Comisión informó sobre la incorporación progresiva de personal administrativo, primero y luego docente, para las tareas de organización. Ante la primera decisión de contratar bajo la figura de permiso, a un profesor de una universidad del interior, el Dr. Héctor Isava manifestó que debía tenerse mucho cuidado, porque se corría el riesgo de que esas instituciones salieran perjudicadas, dada la atracción que ejercen las universidades de la capital sobre los docentes que trabajan en el interior. En el informe del 8 de julio se planteó la posibilidad de incorporar al Dr. Ignacio Iribarren; al respecto, el Dr. Isava manifestó que el Dr. Iribarren podría hacerlo a tiempo completo, siempre que pudiera dedicarse a tiempo parcial para regentar una cátedra en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central. Como veremos, ésta fue la modalidad que se aplicó a los profesores que se fueron reclutando en la Universidad Central: desde el principio se buscó que no perdieran su vinculación con la casa matriz, que vinieran a buscar nuevos horizontes en el Valle de Sartenejas pero sin quemar las velas, ya que nadie podía en ese entonces predecir cual sería el futuro de la naciente universidad. En esa misma reunión el Dr. Isava insistió en la necesidad de que, en lo relativo al proceso de admisiones se conversase con el Dr. Giménez Romero, Director de la Escuela Básica de Ingeniería de la Universidad Central, por su experiencia sobre el particular. El norte de la Comisión era obtener los mejores profesores, de manera que algunas ofertas de trabajo fueron rechazadas con base en las informaciones sobre las clasificaciones académicas y las características personales de los interesados. Esto me hace recordar que muchos años después, cuando participé como Secretario de la Universidad en los concursos de credenciales, en la revisión de los expedientes de los postulantes, siempre dije que faltaba el ingrediente de la entrevista personal. La contratación del personal docente empieza a cobrar mayor importancia a partir del 27 de agosto, cuando el Presidente de la República Raúl Leoni firma el decreto de expropiación de los terrenos de la hacienda Sartenejas.
El 24 de octubre la Comisión Organizadora discute con el personal docente la proposición de iniciar el año académico en el mes de enero de 1969. Al respecto, la profesora Rosa de Cañizales se inclina por el calendario tradicional, expone que la no coincidencia entre las vacaciones de los profesores y las de sus hijos en edad escolar, traería desajustes de orden psicosocial y que el calendario propuesto imposibilitaría aprovechar los meses de agosto y setiembre en cursos especiales de importancia para la superación del profesorado. El profesor José Santos Urriola complementa la proposición anterior, indicando que la oportunidad de iniciar actividades docentes después de un período de vacaciones, como el propuesto por la profesora Cañizales, es beneficioso por el estado de ánimo que caracterizaría a profesores y alumnos, después de un merecido descanso. Luego menciona el tema que yo he dado en llamar evitar los peores alumnos, al señalar que si la Universidad iniciaba actividades en el mes de enero, la mayoría de los estudiantes que se incorporarían serían aquellos que habían sido rechazados por otras universidades, lo cual hacía dudar de la calidad de los mismos.
Finaliza el año de 1968 con una comunicación que el 12 de diciembre hace el presidente de la Comisión Organizadora, Luis Manuel Peñalver al Ministro de Educación José Manuel Siso Martínez. En ella le consulta la posibilidad de que la incorporación del personal docente de la Universidad de Caracas se haga mediante contrato, por el término de un año. A su entender, esta modalidad ofrecía una mayor garantía de obtener profesores con las mejores condiciones académicas y humanas. Respalda su posición expresando que otorgar un nombramiento desde el comienzo tiene el defecto de garantizar hasta cierto punto la estabilidad de la persona nombrada y exige, para su remoción, el levantamiento de un expediente y la subsiguiente destitución, en caso de que su actuación fuese francamente inadecuada. Esto no ocurriría bajo la figura del contrato y si la actuación del evaluado es satisfactoria, se podría optar entre dos alternativas: renovar el contrato por un año más u otorgarle el nombramiento. Termina señalando que la modalidad, aplicable tanto al personal extranjero como al venezolano, tiene antecedentes en el país: la Universidad de Oriente lo tiene consagrado en su reglamento por el término de dos años.
         El 18 de abril de 1969 y bajo el sello de Editorial Arte sale publicado por el Ministerio de Educación un folleto de 36 páginas titulado “Información General sobre la Universidad de Caracas”, dirigido especialmente a los estudiantes de secundaria próximos a ingresar a la educación superior, a sus orientadores, profesores, directores y representantes. La publicación, cuyo tiraje no aparece registrado en la fotocopia que poseo, tenía como objetivo principal suministrar información acerca de lo que era la Universidad de Caracas y las oportunidades que ofrecería a sus futuros estudiantes. En ella se hace un llamado a la inscripción de los estudiantes, en el Edificio del Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio, entrada posterior, planta baja. Avenida Rómulo Gallegos. Urbanización Monte Cristo. Los Dos Caminos. La información que encabeza la publicación son los nombres de las autoridades universitarias, el Rector Dr. Eloy Lares Martínez y el Vicerrector Dr. Francisco Kerdel Vegas, quienes habían sido juramentadas el 8 de enero de 1969. Esa misma página se refiere a la Comisión Organizadora nombrada el 10 de mayo de 1967, se indica que ésta había cesado en sus funciones el 7 de enero de 1969 y se presenta la lista de los miembros que la integraron: Luis Manuel Peñalver (Presidente), Miguel Ángel Pérez (Secretario General), los vocales Luis Manuel Carbonell, Mercedes Fermín y Héctor Isava y los asesores Lorenzo A. Vivas y Eduardo Rivas Casado. También se señala que el 27 de mayo de 1967  Lares Martínez y Kerdel Vegas habían sido incorporados en calidad de vocales. En la página 11 la Universidad está descrita como un sistema regional, con su sede principal en la Hacienda Sartenejas, Baruta. Se incluyen dos planos: uno de ubicación y acceso, por el Hoyo de la Puerta, y uno de distribución de las futuras instalaciones. Cualquier semejanza entre este último plano y lo que terminó siendo el campus universitario es pura coincidencia. Como nota anecdótica habría que mencionar que el plano contemplaba tres estacionamientos, uno para 28 vehículos, uno para 24 y uno para 68, lo que hacía un gran total de 116 puestos. El folleto termina con una nómina del personal que colaboraba en la organización del ciclo básico de estudios generales de la universidad. De las 31 personas que aparecen, sólo nueve terminaron haciendo vida académica en la Universidad Simón Bolívar, a saber: Argimiro Berrío Brito, Roger de Jesús Carrillo Castellanos, Senta Essenfeld, Juan José Espinoza Pino, Marcelo Guillén Ceballos, Ignacio Leopoldo Iribarren Terrero, Eleonora Vivas, José Santos Urriola y Eduardo Vásquez Germain.
En la reunión de la Subcomisión Académica de la Comisión Organizadora del 4 de agosto de 1969, se discutió lo referente a los docentes para el Ciclo de Estudios Generales, insistiéndose en que el Rector quería contar con profesores de la más alta calidad. Con tal propósito el Rector sectorizó la búsqueda y comisionó a René Kiehl para Ciencias Sociales, Ignacio L. Iribarren para Matemáticas y Física, Pablo Pulido para Biología y José Santos Urriola para Lenguaje y Literatura. Para mi es críptico el asiento del acta que sigue a lo antes citado, donde se expresa que el Dr. Mayz Vallenilla se reservaba las gestiones para la contratación del personal de Biología. Una semana después, el 11 de agosto los profesores Pulido, Iribarren y Kiehl informaron acerca de sus gestiones. Con respecto a la calificación de los profesores, el Dr. Pulido insistió que al lado de los más notables docentes cabían otros que aun cuando carecieran de las más altas calificaciones, podían resultar de extrema utilidad en los aspectos operativos de la enseñanza. En Lenguaje y Literatura la batuta la tomó el Rector, quien señaló la posibilidad de que el Dr. Arturo Uslar Pietri pudiera tener a su cargo dos secciones de Literatura. También mencionó a Ángel Rosenblat, Segundo Serrano Poncela y la poeta Ida Gramcko.
En ese mes de agosto de 1969 se dan dos acontecimientos que perfilarán el futuro de la Universidad Simón Bolívar. Por una parte, el 21 de ese mes el doctor Mayz Vallenilla envía una comunicación escrita a todo el personal académico, en la cual les participa el nombramiento, por parte de la Comisión Organizadora de la Universidad Simón Bolívar, de una Comisión Evaluadora de las necesidades que en materia de personal docente requeriría el ciclo básico de estudios generales. Esta última Comisión determinaría la posible utilización que podía hacerse del personal con el cual contaba para ese entonces la Universidad Simón Bolívar. Puntualizaba la comunicación que del resultado de esa evaluación dependería la contratación del personal docente definitivo que para tal fin utilizaría la universidad durante el año académico 1969/1970. Otro grupo de relevancia se empezaría a gestar desde el principio de ese mes, cuando se consolida la ilegal intervención de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, una fase de la hoy tristemente célebre renovación académica. En nuestra alma mater, un Decano Encargado y un Director de Coordinación espurios, designados por el Consejo Universitario entre gallos y madrugadas el sábado 2 de agosto, empiezan a desmembrar eficientes grupos de trabajo, reemplazando a fogueados directores de escuela por ilustres desconocidos. En ese entonces yo era Coordinador General del Proyecto UNESCO VEN-3, un programa para la modernización de la enseñanza en las escuelas de ingeniería eléctrica, ingeniería mecánica e ingeniería química. El cargo mencionado tenía nivel de director de escuela, pero era de libre nombramiento y remoción por parte del Ministro de Educación. Fue en ese entonces cuando visité Sartenejas un par de veces, la primera vez en compañía de dos colegas de ingeniería eléctrica: Roberto Chang Mota y Luis Fábregas y la segunda de nuevo con Roberto Chang y con José Roberto Bello. Estos últimos se desempeñaban como directores de las escuelas de eléctrica y de química de la Universidad Central, cargos que estaban en la mira de los llamados renovadores, mas no así el del director de la escuela de mecánica pues éste ya había dado señales de que se pasaría al otro bando, como en efecto lo hizo. En ese par de ocasiones nos reunimos bajo un auténtico techo colonial con el Vicerrector Administrativo Federico Rivero Palacio, entrevistas que en cabal cumplimiento del mandato de la Comisión Organizadora había gestionado Ignacio Iribarren con el “Chino” Chang. Así que el origen del Chang’s Gang, como denomina Stephen Andrea al grupo de profesores que llegó en ese entonces, fue matemático, ya que el Br. Chang había sido preparador del Br. Iribarren (y también mío) en el curso de Análisis Matemático II del pensum de ingeniería que dictó Ángel Palacio Gros en la Universidad Central de Venezuela durante el año lectivo 1958-59. La amistad entre Chang e Iribarren surgió de la destacada actuación que tuvo este último, accidental estudiante de ingeniería y futuro matemático, en dicho curso. En publicaciones anteriores, impresas por la red, he afirmado que de Los Chaguaramos a Sartenejas se dio un trasplante sin el menor rechazo de toda una organización docente, que incluyó tanto profesores como personal técnico, secretarial, administrativo y obrero. Esta aseveración la quiero reafirmar al señalar que dentro del grupo de los primeros profesores aparece el matemático José Giménez Romero, quien para la época de los acontecimientos aquí narrados era Director de la Escuela Básica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela.
Ernesto Mayz Vallenilla
La carta del Rector del 21 de agosto de 1969 marca el inicio de lo que es conocido como la razzia de Mayz. Para muchos era un primer aviso de despido, así que con este oficio en mano se constituyó una asamblea de profesores para considerar las implicaciones. Casi todos tenían otro trabajo en Caracas y aquellos que se sintieron vejados y ofendidos se fueron definitivamente. Entre los que se quedaron y a falta de un organismo que defendiera sus intereses, los docentes eligieron a Roger de J. Carrillo y Olga Zoraida Albarrán como sus representantes gremialistas. Mientras se consolidaba la limpieza masiva, el 3 de setiembre se discutió sobre el sueldo que devengarían los profesores y la forma como se haría la contratación de los mismos. Se designó una Comisión Revisora de Credenciales, para estudiar la clasificación que detentaban los profesores a contratar, a fin de que el sueldo fuera semejante al estipulado en la tabla de remuneraciones que regía en la Universidad Central de Venezuela. El 6 de setiembre son nombrados los Dres. Ignacio Leopoldo Iribarren y Pablo Pulido como Jefes de las Divisiones de Ciencias Físicas y Matemáticas y de Ciencias Biológicas, respectivamente. El 17 de setiembre se anunció la apertura del concurso de credenciales para todos los profesores universitarios interesados en participar en la enseñanza de las asignaturas programadas. En consecuencia, al día siguiente, los profesores recibieron una comunicación sobre el despido colectivo por cese de funciones, efectivo a partir del 31 de octubre de 1969. Algunos lo entendieron como un preaviso largo, de casi mes y medio, ya que la ley contemplaba solamente de 15 días. Pero unos ocho o diez de los que seguían recibieron un segundo sobre que contenía una misiva firmada por la Secretaria del Rector, Carmen Cecilia Porras, donde se invitaba a cada profesor a una reunión individual en privado con el Rector, a efectuarse el día siguiente a una hora específica y en la cual le harían una oferta para su continuación en el cargo que venía desempeñando. Las ofertas variaban según el profesor y más que de carácter privado, parecían ser secretas. Unos aceptaron y otros se fueron definitivamente. El llamado a concurso se realizó el 22 de setiembre.
El 24 de setiembre los profesores Olga Z. Albarrán y Roger de J. Carrillo, en ejercicio de la representación gremial que les habían asignado, enviaron una carta al Rector en la cual plantearon tres puntos: 1) La situación legal del profesorado. Destacan que en el cuerpo docente se daban dos situaciones: la de aquellos que habían sido nombrados por el Despacho de Educación y la de quienes no poseían esa credencial, pero aparecían en las nóminas de pago con cargos docentes. Al respecto señalaron la conveniencia de aclarar la situación en ambos casos. 2) Concurso de credenciales. Pidieron información sobre las condiciones mínimas exigidas, los créditos que en dichas pruebas merecerían los servicios ya prestados en esa Universidad y el posible cómputo de la antigüedad acumulada para los que resultaran contratados. 3) Vacaciones y bono de fin de año. Pidieron la opinión de las autoridades al respecto. Ese mismo día el Rector Mayz informa a la Comisión Organizadora sobre el contenido de la carta. Se acuerda dirigirse al Ministerio de Educación participándole las resoluciones tomadas, se encarga al Consultor Jurídico Dr. Rogelio Pérez Perdomo de informarse exactamente sobre el status jurídico de los profesores, se fijan los recaudos para el concurso y se acuerda que el examen y valoración de las credenciales serían realizados por la Comisión Organizadora, y en los casos en los que surgieran dudas se consultaría con algunos asesores o personas de confianza especialistas en la materia. El 25 de setiembre los representantes gremialistas presentaron el caso al Director General de Educación del Ministerio de Educación, Pedro Contreras Pulido, solamente para que ese despacho estuviese al tanto. Intentaron ser justos con la nueva Universidad y prefirieron no plantear una apelación colectiva del profesorado, por consideración con los personajes despedidos y en atención a que el Rector había aceptado dialogar.
En un largo dictamen, el 26 de setiembre el Consultor Jurídico responde al Rector sobre la consulta de los profesores Albarrán y Carrillo. Empieza hablando de la estabilidad docente, pero no dice nada distinto a lo que el Rector deseaba oír. Así que todos los profesores, sin distinción de la vía por la cual habían llegado a la Universidad, para permanecer en ella tenían que someterse al concurso de credenciales. El 1º de octubre, el Rector informó a los miembros de la Comisión Organizadora acerca de la forma como se había venido solucionando el problema de los profesores; señaló que algunos habían logrado ubicación en otras instituciones y algunos estaban preparando su documentación para entrar en el concurso de credenciales. Los miembros de la Comisión estuvieron de acuerdo en tratar de colaborar en la solución de los casos que presentaran dificultad. El 8 de octubre los representantes gremiales reciben una respuesta formal del Rector. Les anexó copia del informe presentado por el Consultor Jurídico, les informó que la Comisión había acordado estudiar detenidamente la posibilidad de pagar una bonificación conforme a los hábitos de la administración pública, en particular del Ministerio de Educación y les hizo saber que en el concurso establecido se contratarían a los aspirantes de mayores credenciales académicas.
Para la planificación de los estudios de Química, el Dr. Mayz Vallenilla informó el 8 de octubre que se había logrado la colaboración de un equipo de cuatro químicos de Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), entre ellos el Dr. Héctor Díaz, y sugirió que debería hacérseles sus nombramientos como miembros de la Comisión Planificadora de los Estudios de Química. El Dr. Kerdel Vegas opinó que a esa Comisión deberían añadirse los profesores Esteban Luis Bertha y Joaquín A. Lubkowitz, quienes venían del exterior contratados a partir de 1º de noviembre. El 22 de octubre se hizo una preselección de las personas que habían presentado credenciales para optar a los cargos ofrecidos por la Universidad y se encargó a los Dres. Ignacio L. Iribarren, Pablo Pulido, Senta Essenfeld, José Rafael Ravenga, Sabeth de Eljuri y el propio Rector, para que se entrevistaran con el personal preseleccionado y presentaran un informe. En esa misma sesión se discutió sobre los sueldos y se decidió: a) adoptar la escala de sueldos de la Universidad Central de Venezuela, b) no contratar por los momentos a profesores a dedicación exclusiva, sino a tiempo completo, c) encargar a los vicerrectores Kerdel Vegas y Rivero Palacio que estudiaran la posibilidad y los mecanismos para una bonificación adicional y d) respetar a los efectos del sueldo el escalafón que traigan de otras universidades. El 29 de octubre fueron estudiados y aprobados los informes sobre las entrevistas; se acordó que las contrataciones serían por un año y se reafirmó el respeto al sueldo que los profesores devengaban en la Universidad de origen, de acuerdo a su escalafón.
La operación canguro.
A finales del mes de octubre de 1969 el Gobierno Nacional, ante la ineficacia de los bien pensados y mejor escritos artículos que contra la renovación académica aparecían en los diarios El Universal y El Nacional, aderezada con la inutilidad de los altisonantes y frecuentes remitidos publicados en esos mismos medios, decidió abandonar las armas de la crítica y apelar al uso crítico de las armas. En la madrugada del 31 de octubre una columna de blindados irrumpió en la Plaza del Rectorado y la Universidad Central fue ocupada militarmente, en una acción que fue bautizada en clave castrense como Operación Canguro. El cerco fue tal que ni siquiera a los profesores se nos permitía acceder al recinto. Cada profesor normalmente recibía su sueldo a través de un cheque que retiraba en las taquillas de la administración de su respectiva Facultades, el cual lo hacía efectivo en la agencia del Banco Nacional de Descuento (BND) de la Plaza del Rectorado, frente al histórico reloj. Pero ahora hasta el no menos emblemático chichero había sido desplazado por los uniformados, había que retirar el cheque en las taquillas del Estadio Olímpico, canjearlo en la agencia del BND de la Gran Avenida, en Sabana Grande e irse para su casa. Esta aparente solución por parte del gobierno fue la gota que rebosó el vaso de muchos profesores. En la Facultad de Ingeniería el conflicto había sido encarnizado y en su cuerpo profesoral había una sustancial proporción de docentes que ya no soportaban la situación y fueron literalmente lanzados hacia la Universidad Simón Bolívar por las turbulencias de aquel instante.
El último asiento del año 1969 de los Documentos de la Universidad Simón Bolívar con relación al cuerpo profesoral tiene fecha 5 de noviembre. En él se habla del destino de seis profesores que habían quedado cesantes. Las soluciones eran variadas: gestiones de jubilación ante el Ministerio de Educación, repatriación al país de origen, apoyo a estudios de postgrado y prórroga del contrato hasta en 1º de junio de 1970. El profesor objeto de la prórroga fue Frank. G. Schepmans, docente de inglés y francés, a quien supongo le renovaron el contrato pues pasó el resto de su vida en la Universidad Simón Bolívar como profesor activo, hasta el día que se mató piloteando su propia avioneta, una aeronave construida por él mismo. El pintoresco Frank nunca ingresó en el escalafón académico, porque en los inicios de la Universidad Simón Bolívar y durante muchos años, a los profesores de idiomas se les consideró como personal de apoyo, sin derecho a optar a la categoría de profesor ordinario. De los que se fueron a realizar estudios de postgrado, el único que fue recibido de vuelta en la Universidad después de obtener su doctorado, fue Roger de Jesús Carrillo Castellanos.
         De información recogida de boca de algunos de los involucrados, sé que a fines del 69 ingresaron a través de la Oficina de Planificación, provenientes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, los profesores Darío Castellanos, José Giménez Romero, José Roberto Bello Santana, Roberto Chang Mota, Simón Lamar, Simón Spósito, Luís Fábregas Travería, Roberto Halmoguera Palma y José Antonio Pimentel Monteverde. También para esa fecha y para el dictado de los cursos de matemáticas ingresaron Santiago Antón, Arturo Camacho, Rafael Bayón, Luís Bruzual Uriola, Jorge Zegarra Bernal e Inocencio Aldanondo. En diversas fechas del año 70 y provenientes de la misma fuente ingresaron Juan León, Eduardo Capiello Llamozas, Marco Milisch y Reinaldo Penso. Como no dudo que la lista peca por omisión y que además debería contener todos los profesores que contribuyeron a crear lo que hoy es la Universidad Simón Bolívar, se me ocurre que un proyecto interesante podría ser la conversión a formato digital de las nóminas de pago de los primeros años, tanto del personal directivo y docente, como del administrativo y el obrero.
         Para concluir estas notas, quisiera resaltar que gracias a la situación que se vivió en la Universidad Central a mediados y fines del año 69, la Universidad Simón Bolívar no sólo pudo captar un grupo de excelentes profesores, sino también a los mejores alumnos del área metropolitana, porque en Caracas no había ninguna otra opción viable de cursar estudios universitarios para aquellos que no podían pagar una universidad privada. La representación gremial ejercida por la profesora Albarrán y el profesor Carrillo se puede ver como un primer paso hacia la creación de la Asociación de Profesores. La primera Junta Directiva de la APUSB se instaló el 25 de noviembre de 1970; los detalles pueden verse  en la página web de la Asociación http://www.apusb.usb.ve/portal/ en la sección de Historia, arriba y a la izquierda.

lunes, 17 de febrero de 2014

Los dos aniversarios de la Universidad Simón Bolívar.


Cada enero algunos colegas, con Roger Carrillo a la cabeza, acostumbran llamar la atención sobre los dos aniversarios que la Universidad Simón Bolívar celebra: el 18 de julio de 1967, fecha del decreto de creación que yo llamo el aniversario adeco y el 19 de enero de 1970, el aniversario copeyano. En esta última fecha el entonces primer mandatario Rafael Caldera dictó la lección inaugural, que le corresponde ser la primera clase magistral. Pero tal clase magistral no fue una sola, nada extraño en una institución que gozó de dos nombres, dos banderas y también de dos personas que se conocieron como el “Primer Rector”. Al día siguiente, el martes 20 de enero, el rector Ernesto Mayz Vallenilla dictó la primera clase magistral. Para clasificar los eventos y no entrar en estériles controversias, a la clase del Dr. Caldera se le puede llamar la lección inaugural y a la del Dr. Mayz, la primera clase magistral. El ejercicio del rectorado del Dr. Eloy Lares Martínez abarcó el lapso comprendido entre el 30 de diciembre de 1968, fecha de su designación, y el 15 de julio de 1969, cuando el Dr. Mayz Vallenilla fue designado rector. La “Universidad de Caracas”, de la cual Lares Martínez fue el primer rector, existió legalmente hasta el nueve de julio de 1969,  fecha en la cual la nueva institución de educación superior recibió el nombre definitivo de Universidad Simón Bolívar. Así que el Dr. Lares Martínez sólo fue rector de Universidad Simón Bolívar durante una semana, cuando él ya estaba de salida. Sin que nadie me lo haya preguntado, diré que el Dr. Lares tenía corriendo el preaviso desde el mismo momento de su designación, porque ésta la hizo el gobierno adeco del Dr. Raúl Leoni, cuando ya el partido Acción Democrática había perdido las elecciones presidenciales. A pesar de que el Dr. Lares Martínez gozaba de altas calificaciones académicas y quizás sólo era simpatizante de Acción Democrática, el gobierno Social Cristiano procedió a designar al Dr. Mayz, quien dicho sea de paso nunca militó en Copei. Ya sea desde un punto de vista pragmático, o aplicando la lógica de que una semana de transición no cuenta, o que la primera persona que recibió el nombramiento de rector de la nueva universidad bajo su denominación final fue Ernesto Mayz Vallenilla, a éste último bien se le puede llamar el primer rector de la Universidad Simón Bolívar. Tiene carácter anecdótico la coincidencia de la fecha de toma de posesión del  Dr. Mayz Vallenilla como Rector de la Universidad Simón Bolívar en sustitución del Dr. Lares Martínez; ésta  se llevó a cabo el 18 de julio de 1969, exactamente dos años después de la fecha del decreto de creación de la nueva universidad.
Se tenía previsto que la primera cohorte estudiantil iniciara sus clases el miércoles 15 de octubre de 1969, pero la culminación de la instalación del circuito cerrado de televisión en los dieciséis salones del Pabellón I, sumado a  la disponibilidad de tiempo del Presidente de la República para el acto inaugural, hizo que éste fuera diferido para el lunes 19 de enero de 1970. Los profesores bromeaban diciendo que sería el sábado 24 de enero, fecha en la cual el Presidente Caldera cumpliría 54 años de edad. Existe una interesante comunicación del Dr. Eloy Lares Martínez del 16 de marzo de 1969, dirigida al Dr. Rafael Caldera, donde le pone el cargo a su orden, para dejarlo en entera libertad de dar a la nueva universidad  la organización y orientación que estimase conveniente a los intereses del país. En esa misiva, el Dr. Lares Martínez aclara un poco las diversas fechas propuestas para el inicio de clases.
Aparte de la materia relacionada con el  inicio de las actividades, las actas de la Comisión Organizadora de la Universidad correspondientes a los primeros días de enero de 1970 recogen la renuncia de tres directivos: el Vicerrector Académico Francisco Kerdel Vegas, el Vicerrector Administrativo Federico Rivero Palacios y el Director de la División de Ciencias Biológicas Pablo A. Pulido M. Éste fue un efecto dominó, en un juego con muy pocas fichas. El primero en hacerlo fue el doctor Rivero Palacios, por su desacuerdo con la decisión de la Comisión Organizadora de negar la creación de la División de Ciencias de la Salud, cuyo proyecto había sido elaborado por los doctores Kerdel Vegas y Pulido, ambos profesionales de la medicina. Aun cuando las razones aludidas por estos últimos fueron de índole personal y las correspondientes misivas estaban redactadas en términos amistosos, las renuncias de Kerdel Vegas  y de Rivero Palacios son clasificadas en forma unánime por la Comisión Organizadora, en reunión del 21 de enero, como abandono de los cargos, como una acción injustificable desde todo punto de vista.
Vista de la casa del rectorado y del estacionamiento, circa 1970. Cortesía de Roger Carrillo 

Por muchos años sólo hubo una vía de entrada y salida a la zona en la cual se vino a asentar la nueva universidad: la senda recta bordeada de chaguaramos que recorría la hacienda de este a oeste y que seguía hasta El Valle, un pequeño pueblo en las afueras de Caracas. Para el primer día de actividades académicas existía un solo estacionamiento, contiguo al lado este de la casona de la vieja hacienda, que era de tierra y se le conocía como el chiquero. El profesor Carrillo recuerda que ese fin de semana llovió copiosamente en Sartenejas y el lunes 19 el cielo amaneció encapotado y el día estaba particularmente frío. Lógicamente el estacionamiento estaba totalmente anegado y más que un establo para cerdos, parecía una verdadera piscina de barro. Así que para los actos protocolares, el otrora camino de recuas que iba hacia la casa grande ahora transformada en rectorado, ese día fue transitado por modernos carruajes, que no eran movidos por tracción de sangre, sino por novedosos caballos de vapor, mas no de agua sino de gasolina. Los profesores y los 508 estudiantes fueron concentrados en el estacionamiento del centro comercial El Placer, sitio donde operaban desde mayo de 1969 varias oficinas académicas y administrativas. En la Universidad no existía ningún espacio apropiado para realizar actos masivos, al punto que las primeras graduaciones se escenificaron en toldos colocados entre los pabellones 1 y 2, luego migraron al gimnasio cubierto y sólo a fines de los años ochenta se empezaron a realizar en el conjunto de auditorios. La logística del acto se manejó a través del novedoso sistema del circuito cerrado de televisión en blanco y negro instalado en cada salón de clases. Los estudiantes fueron bajados en autobuses por secciones de 32 para que, conjuntamente con uno o más profesores, escucharan desde sus pupitres el discurso del Ministro de Educación Héctor Hernández Carabaño, las palabras del Rector Mayz Vallenilla y la clase magistral del Dr. Rafael Caldera. Ese día al profesor Roger Carrillo le tocó el honor de integrar, junto con los profesores José Santos Urriola, Ignacio Iribarren y Rene Khiel, la comisión profesoral que recibió al Presidente Caldera y a su comitiva en la pequeña puerta de entrada de la casona de la vieja hacienda; de ahí los condujeron hasta la Sala Andrés Bello donde aguardaban las autoridades. El martes 20 de enero el doctor Mayz Vallenilla dictó su primera lección magistral “Sentido y objetivos de la enseñanza superior”. Para el resto de esa semana estaba planificada la realización de las actividades de iniciación universitaria, pero a mi entender los estudiantes no regresaron hasta el 26 de enero, cuando arrancaron formalmente las clases bajo el régimen de semestres.


De izquierda a derecha: Manuel Rafael Rivero (Presidente del Consejo Supremo Electoral), José Humberto Cardenal Quintero, José Antonio Pérez Díaz (Presidente del Congreso Nacional), el rector Mayz Vallenilla y el presidente Caldera; el último de los que están sentados es el doctor Eloy Lares Martínez. Archivos de Cenda.

El Ministerio de Educación, para llenar el vacío creado por las renuncias de los vicerrectores, designó el viernes 16 de enero de 1970 al doctor en Ingeniería Agronómica Antonio José Villegas, (19/02/2010), quien era miembro de la Comisión Organizadora de la Universidad Simón Bolívar, como Vicerrector Académico y al economista Freddy Arreaza Leañez (28/12/2007), ex director de la Comisión de la Administración Pública, como Vicerrector Administrativo. El 10 de septiembre de 1969 habían sido designados como Directores de División Ignacio Leopoldo Iribarren (Física y Matemáticas) y Pablo A. Pulido M. (Ciencias Biológicas). Para ocupar este último cargo, a raíz de la renuncia del doctor Pulido ya mencionada en estas notas, el 14 de enero de 1970 fue designado el doctor Rafael Teodoro Hernández, quien formaba parte de la Comisión Organizadora de la Universidad Simón Bolívar. A principios del año 1970, el 21 de enero se designan como Coordinadores a: Segundo Serrano Poncela (Ciclo de Estudios Generales), José Giménez Romero (Ciclo Básico de Ingeniería), José Roberto Bello (Ingeniería Química), Roberto Chang Mota (Ingeniería Eléctrica), Eduardo Capiello (Ingeniería Mecánica) y Simón Lamar (Cursos de Post Grado). Para fines de ese año, el 11 de noviembre se definen los Departamentos como entidades dedicadas a crear y almacenar conocimientos y a las Coordinaciones Docentes como entidades dedicadas a la distribución y dosificación de los conocimientos almacenados en los Departamentos. El 2 de diciembre son aprobados los nombramientos de los Jefes de Departamento y Laboratorios recientemente creados para la División de Física y Matemáticas, a saber: José Antonio Pimentel (Termodinámica y Fenómenos de Transferencia), Juan León (Mecánica y Ciencia de Materiales), Simón Spósito (Electrónica y Circuitos), Eduardo Capiello (Laboratorio A), Roberto Halmoguera (Laboratorio C) y Celestino Muriel (Laboratorio G).
El tema de las dos banderas, que para mi son tres, aparece en 1987 mucho después de los hechos aquí narrados y está descrito en la obra La Universidad Simón Bolívar a través de sus símbolos de María Teresa Jurado de Baruch. La necesidad de adoptar una bandera surge en 1972, a fin de dotar de un emblema a las delegaciones deportivas. El diseño estuvo a cargo de la profesora Senta Enssenfeld, Directora de Servicios Estudiantiles, junto con los profesores John Muñoz, Argimiro Berrío y Miguel Ángel Gómez Álvarez. Ellos escogieron un rectángulo amarillo con el logotipo de la Universidad en el centro y las siglas U.S.B. bajo éste, en color negro. En la oportunidad de su oficialización, en abril de 1987, el Consejo Directivo nombró una comisión para el diseño de la bandera. Yo formé parte de tal comisión, en mi carácter de Secretario de la Universidad, junto con los profesores Fernando Fernández, Aglays Oliveros y un representante estudiantil. Del diseño anterior se cambió a azul el color del logotipo y se eliminaron las siglas, quizás necesarias en los albores de la universidad cuando nadie conocía el emblema diseñado por Gerd Leufert que todos llaman la cebolla, pero que es un pórtico inspirado en la reproducción fotográfica de un circuito impreso. Esta sería la segunda bandera, recogida en 1987 en la primera edición del libro de la profesora Jurado. A través de la segunda edición de dicha obra, aparecida en 2005, me vine  enterar que en febrero de 1994 el Consejo Directivo modificó la resolución al respecto del 10 de junio de 1987, oficializando el color negro para el logotipo.
Para concluir esta nota, quisiera referirme de nuevo a la enseñanza audiovisual, novedosa labor en la cual la Universidad Simón Bolívar quiso ser pionera. El viernes 25 de septiembre de 1970, cuando se inauguró el edificio del Ciclo Básico I, cuyo  nombre original era Ciencias Básicas I, los salones estaban dotados de televisores unidos al sistema cerrado de televisión, el cual nunca respondió a las altas expectativas que abrigaban Ángel Ara, Roberto Chang Mota y Enrique Tejera Rodríguez. Por la forma en la cual fueron encofrados los techos, los salones tanto del Básico I como del Básico II tienen una acústica pésima, pero ese no fue el único problema al cual hubo que enfrentarse. Los esfuerzos para adiestrar a los profesores en el uso del medio, en dotarlos de la correspondiente metodología de enseñanza, no llegaron a cristalizar. En último lugar, pero no por eso menos importante, el nivel freático que impera en la hacienda de Sartenejas hizo inoperante el cable que unía a los pabellones con las nuevas edificaciones. Valga mencionar que ese mismo nivel freático, esas tierras que se inundaban con facilidad, fue lo que también determinó la migración hacia lo que hoy es el complejo deportivo, del campo múltiple donde se jugaba béisbol y fútbol, el cual quedaba frente al rectorado, del lado norte de la vía de acceso y salida, la única que había. Donde hoy está el edificio de Comunicaciones hubo una cancha asfaltada que gozaba de una excelente iluminación artificial, en la cual se practicaba tanto baloncesto como volibol. Como me dijo una vez el colega José Luis Palacios, a quien se lo recordó su profesor de inglés de primer año en ese idioma, el lugar estuvo ocupado primero por frondosos chaguaramos. Para los jóvenes profesores, que son bastantes y ojalá fueran más, la zona que para el 2014 ocupa el laberinto cromovegetal de Carlos Cruz Diez era plana y fue excavada para construir los sótanos del aula magna, proyecto que quedó inconcluso. Si le echan un vistazo al lateral oeste del edificio de la biblioteca, el que dan hacia el laberinto, verán las cabillas que debidamente protegidas esperan por un futuro mejor.