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Mostrando entradas de 2008

De arquitectura, el teatro

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Entrar a trabajar en el sitio donde uno ha estudiado tiene sus ventajas. Con dos años de graduado, de los cuales dediqué cuatro meses al idioma inglés en el Queens College de Nueva York y el resto en sacar el Master en el Instituto Tecnológico de Illinois, en septiembre de 1964 pasé del pupitre del estudiante a la tarima del profesor. Todo me era familiar en la Escuela de Ingeniería Eléctrica, inclusive unos pocos de mis primeros alumnos habían sido mis compañeros de estudio. Lo que si tuve que aprender fue a buscar un sitio donde almorzar. De estudiante vivía con mis padres cerca de la Universidad Central e iba a almorzar a la casa (un apartamento alquilado en Las Acacias), que era lo más económico. En la UCV el horario de trabajo era de ocho a doce y de tres a seis, aun cuando el dictado de las clases y de los laboratorios nada tenía que ver con esto y muchas veces di clases a las siete de la mañana y atendí laboratorios bien entrada la noche. También trabajábamos medio día los sáb…

La tierra de los abuelos

Antes, para muchos de nosotros, los abuelos y las abuelas estaban repartidos por la geografía nacional y eran una alternativa válida para pasar las vacaciones. Los destinos que estuvieron disponibles en mi infancia y juventud fueron Calabozo y Caracas y luego, cuando empecé a trabajar, la isla de Margarita. Los hijos de europeos que fueron mis compañeros en los pupitres de la escuela y en los bancos del liceo, se quedaban en San Juan de los Morros ayudando a sus padres, pero al crecer y hacerse profesionales, iban de vacaciones al viejo continente, a conocer la tierra de los ancestros en plan de parientes ricos. El panorama, ya a finales de la primera década de este siglo XXI, es bastante diferente, como veremos.

Mi papá era el mayor de once hermanos y tuvo que asumir junto a mi abuela la crianza del resto de la prole al morir a temprana edad el abuelo llanero que no conocí. Para que ellos se educaran, la alternativa fue abandonar el campo dejando las tierras de mi abuela en manos del …

La botó de jonrón y no anotó.

En noviembre de 2007 los gerentes generales de los equipos de grandes ligas aprobaron el uso de la repetición instantánea (instant replay), limitada a unos pocos casos, a saber: a) si un batazo que se lleva la cerca es fair (jonrón) o simplemente foul ; b) en caso de una pelota que golpea la cerca y regresa al campo de juego, determinar si la pelota quedó viva (adjudicándole al corredor las bases que haya alcanzado), o es un doblete por reglas de terreno (la bola tocó la cerca antes de salir) o es un jonrón (la bola en vuelo golpeó algún objeto colocado más allá de la cerca); c) si un espectador hace contacto con la bola antes de que esta supere el plano de la cerca, es interferencia del espectador. Si el contacto es después de dicho plano, es jonrón. Se entiende que la cerca que separa la zona de juego de las gradas, define un plano vertical que la prolonga.

El 28 de agosto de 2008 se puso en práctica la repetición instantánea y se utilizó por primera vez el tres de septiembre de 2008…

Del hábito nace el monje

A pesar de la reconocida sabiduría que encierran los refranes, en el ámbito académico estuvimos empeñados en llevarle la contraria a aquello de que “el hábito no hace al monje”. Digo que estuvimos porque hoy en día ya son muchos los profesores que van a la universidad sin paltó y sin corbata; es más, no es raro cruzarse con unos pocos colegas que andan en shorts o en bermudas, inclusive en los brindis que se dan en la casa del rectorado y si no lo creen pregúntenle a Mario Caicedo, deseosos de que alguien les diga algo para entonces proceder a mostrar el respectivo título de doctor.

El clima debería ser el factor determinante en la forma de vestir de un pueblo. En mi siempre caluroso San Juan de los Morros, a los profesores del Liceo Roscio al parecer los obligaban a dar sus clases en paltó y corbata. En la Universidad Central de Venezuela de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, o en la Universidad Simón Bolívar de principios de los setenta, el agradable frío matutino no sólo…

Pilón comía albóndigas

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En mis años de infancia y juventud en San Juan de los Morros, los periódicos de circulación nacional eran, por orden de antigüedad, La Religión, El Universal, La Esfera y El Nacional; éstos llegaban al pueblo bien entrado el día, a pesar de que el tránsito automotor no era muy intenso en ese entonces. No existían autopistas, al punto que el gran hito en la comunicación terrestre lo marca la inauguración de la carretera Panamericana en diciembre de 1953. Los fajos de papel, apilados en la parte trasera de los autobuses, tenían que tomar la ruta de la vuelta del Pescozón, las peligrosas curvas de Guayas, atravesar los centros poblados de Tejerías, El Consejo, La Victoria y San Mateo, enfilar en La Encrucijada hacia Cagua para finalmente enfrentarse a las no menos mortíferas sinuosidades del interminable tramo entre La Villa y San Juan. En San Juan existían pocos kioscos y en ellos se conseguían granjerías y guarapo de piña, mas no el periódico; éste lo vendían un par de pregoneros que …

Vida estudiantil

Cuando empecé a estudiar ingeniería en la Universidad Central de Venezuela, en septiembre de 1957, llevaba ya un año residenciado en Caracas en la casa de mis abuelos maternos, entre las esquinas de Gloria y Sucre en la parroquia La Pastora. Como parte de los 900 bolívares que costaba la inscripción por un año académico, los estudiantes recibíamos un talonario de tiques con el cual podíamos abordar las unidades de transporte que partían del Centro Simón Bolívar, desde la curva frente a la iglesia de Santa Teresa, con destino a la plaza del Rectorado. Yo salía a las seis de la mañana y bajaba a pie hasta la parada del autobús; mi ruta incluía una visita al café de unos chinos que quedaba casi en la esquina de Principal, en donde por medio real me comía una empanada. Creo que un cafecito de perol (no de máquina) costaba una locha, pero en ese entonces yo no bebía café. Las clases empezaban a las siete de la mañana y no recuerdo haber llegado nunca tarde. De regreso caminaba desde el ce…