Raúl Valarino, pionero de la ingeniería eléctrica.

El meollo de este recuento lo escribí en el 2003, hace doce años, cuando me movían serios deseos de abordar una historia ligera de la enseñanza de la ingeniería eléctrica en Venezuela. Ligera en el sentido de que la falta de una fecha precisa no debía originar un perfeccionismo paralizante y que tampoco debía carecer de anécdotas. En ese entonces pensé que la mejor manera de ir organizando los recuerdos, era centrarse en los profesores de la institución pionera, la Universidad Central de Venezuela, y que Melchor Centeno era el punto de partida obligatorio. Sin embargo sólo realicé estas cortas líneas sobre Raúl Valarino Hernández, personaje que unió el ejercicio profesional a la docencia y que alguna vez quiso incursionar en la política. Pensé seguir con el maestro Armando Enrique Guía, pero ni siquiera su familia, a la cual contacté a través de la Internet, me dio respuesta alguna y seguí dependiendo sólo de la escasa información que sobre él disponía. Abandoné el proyecto, pero pensé que las líneas sobre Raúl podrían tener una mayor divulgación a través del blog y procedí en consecuencia. Es poco lo que he añadido, aun cuando muchas cosas han sucedido en esos doce años, como la sentida desaparición de algunos de los colegas que aquí menciono, las cuales no incluyo.
              
Raúl Valarino (cortesía de AnaIsabel Valarino)
Así como hay profesores que todo lo explican en detalle, hay otros que son crípticos, categoría en la cual formaba filas Raúl. Me cuentan quienes recibieron de él clases teóricas, que en los enunciados de los exámenes omitía palabras a propósito, ya que tener el entendimiento global de los que se preguntaba era parte de la evaluación. Yo lo tuve como profesor del laboratorio de comunicaciones en cuarto año de la carrera, durante el año lectivo 1960-1961. Este era un laboratorio típico de la época, en la cual un único profesor atendía a los vendedores, seleccionaba los equipos, los recibía, los instalaba, los probaba, elaboraba las guías, realizaba las prácticas y luego les exigía su realización a los estudiantes. Y desde la recepción de los equipos, las demás actividades enunciadas se realizaban casi simultáneamente. Una labor similar me tocó a mí pocos años después (1964-65) con el primer laboratorio de microondas que se dictó en el país, con la única diferencia de que los equipos los había seleccionado Nelson Belfort y llegaron en el momento en el cual él salió a realizar su postgrado y yo regresé de mi postgrado e ingresé al cuerpo profesoral de la Universidad Central de Venezuela.
               Volviendo al laboratorio de 1960, uno de los escollos que teníamos que saltar era entender lo que se pedía en las guías. Visto en retrospectiva, este fue un buen adiestramiento para poder comprender más adelante los catálogos de los fabricantes de equipos. Una vez, a mediados del curso, nos tocó realizar la práctica de la llamada “T mágica”, que no es más que un puente de medición a radiofrecuencias, que usa como reactancias variables segmentos de líneas de transmisión de longitud ajustable. Al final de la práctica, Gonzalo Van der Dys le preguntó al profesor Valarino:
—¿Esta guía no la escribió usted, no es así?
—No, esa la elaboró Rodríguez Tamayo ¿Por qué lo preguntas?
—Porque la leímos y entendimos todo—le contestó Gonzalo con toda tranquilidad y sinceridad.
               A la larga Raúl y Gonzalo terminaron siendo socios, como lo cuento más adelante. Creo que Antonio Rodríguez Tamayo fue su compañero de tesis, en la promoción de 1956 que tuvo cuatro integrantes, ellos dos y los hermanos Carlos y Efraín Rodríguez Soto; esta promoción, la quinta desde 1950 ya que en el 52 no hubo ningún graduado, elevó el número total de egresados a diecisiete. Fue con Rodríguez Tamayo la persona con la cual Raúl me mandó a hablar con cuando regresé de Chicago, en julio de 1964, después que obtuve el Master. Estaba yo sentado en las afueras del Colegio de Ingenieros y no podía evitar mostrar la cara de preocupación que cargaba; no era para menos: andaba limpio y sin trabajo. Hizo acto de presencia Raúl y de la conversación que tuvimos en ese momento, surgió la entrevista con Rodríguez Tamayo, quien tenía un alto cargo en la entonces incipiente CANTV y despachaba desde una oficina de la torre sur del Centro Simón Bolívar. Previamente Roberto Chang había estado de visita por Chicago y me había expresado que esa compañía estaba interesada en mis servicios. Yo había realizado mi tesis de grado, junto al catire Luis Ernesto Christiansen y a Gonzalo Van der Dys, en la Oficina de Planificación y Desarrollo de las Telecomunicaciones, precursora de la CANTV. El cuento es que no terminé trabajando en la telefónica ni tampoco en la Compañía Shell que me había becado, sino que fui a parar a la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la UCV, pero eso es harina de otro costal.
               Al catire Valarino le decían “el mocho” o “el hombre de la patilla”, debido a que le faltaba la falange del dedo índice derecho, la cual perdió de muchacho manipulando la cadena de una motocicleta de su propiedad. Lo de la patilla obedece a ese afán de los venezolanos de hacer de todo un chiste. Decían que él se iba al mercado libre, apoyaba el dedo mocho en una patilla y le preguntaba al portugués cuanto costaba, obteniendo un gran descuento ya que le había metido el dedo. Las vicisitudes políticas de Raúl me las contó cuando me integré al personal docente de la Escuela de Eléctrica. No recuerdo a cual candidato de Acción Democrática se puso a hacerle campaña por todo el país, pero el caso es que sólo iba para su casa los fines de semana, a cambiarse de ropa y a cumplir con sus deberes maritales. Recuerdo la frase que empleó, como si la acabara de escuchar; no fue tan formal como yo lo he escrito, sino que habló de echar un diminutivo de esa nube que levanta el caballo “Plata” de “El Llanero Solitario” con la cortina musical de los compases de la obertura de Guillermo Tell de Rossini. Tal como sucedía en esos tiempos, el candidato de AD ganó la elecciones. A Raúl, como premio, lo nombraron miembro del directorio de la CANTV. Cuando asistió a la primera reunión se llevó mayúscula sorpresa, ya que los demás miembros le firmaron un cheque en blanco al presidente de la compañía, expresando que ellos aprobarían de antemano cualquier proposición que éste hiciera. No así Raúl, quién no se sumó al coro de los incondicionales y empezó a ser visto como un personaje incómodo. Yo siempre lo he dicho: para los políticos no hay nada que estorbe más que una opinión experta, sobre todo si va en contra de los designios populacheros e irresponsables. Corta fue la vida política de Raúl; a otros le ha ido mejor. Yo recuerdo los nombres de algunos profesores que formaron parte de un grupo de “Profesionales con Piñerúa” y aun cuando éste perdió las elecciones los docentes no perdieron del todo su tiempo, ya que dos de ellos fueron a la postre rectores de una destacada universidad venezolana, designados ambos por gobiernos de la tolda blanca.
Placa de la AVIEM, galería del Colegio de Ingenieros de Venezuela.
               El Colegio de Ingenieros o más específicamente la Asociación Venezolana de Ingenieros Electricistas y Mecánicos, AVIEM, era el sitio de encuentro de muchos de nosotros y algunos terminamos como directivos gremiales. En diciembre de 1965 regresó de Suecia Gonzalo Van der Dys y en la AVIEM se reencontró, entre otros, con Raúl Valarino. Entre otras cosas, los nuevos nos enfrentamos a la llamada vieja guardia que siempre había dirigido la AVIEM y les ganamos las elecciones. Esa directiva la presidió Alberto Méndez Arocha, el “Viti” Méndez, y formaron parte de ella Gonzalo Van der Dys y Paco Barea. A mi me tocó dirigir la revista “Ingeniería Eléctrica y Mecánica” y luego formé parte de la siguiente directiva, la cual presidió Luis Alvaray. De esa época recuerdo los sabios consejos que nos daba la experimentada voz del vocal Reinhold Pedersen, “Julius” como lo llamaba con afecto Raúl. Con el contacto permanente en la sede el CIV creció la amistad entre Gonzalo, Raúl, Manolo Díaz Hermoso y Fabio Osorio. Acicateados por el gusanito de mejorar el ejercicio de la profesión (el idealismo puro que ojalá no se acabe nunca, en palabras de Gonzalo) empezaron a pensar en la creación de una empresa de ingeniería que llenara el vacío que había en la parte electromecánica, ya que prácticamente sólo existían “Epsilon” de Carlos Rodríguez Soto en electricidad y “Otepi” en mecánica. La primera de las grandes, Tecnoconsult de Francisco González Pérez, fue creada apenas en 1967 y luego surgió Inelectra, creación de mi preparador de máquinas eléctricas Rubén Halfen, de su concuñado Moisés Niremberg mi compañero de estudios y amigo desde quinto año en el Carlos Soublette y del profesor de todos nosotros Luis Bertrand Soux. Gonzalo sale de Ericsson en l968 y junto con Raúl Valarino, Manuel Díaz Hermoso y Fabio Osorio, deciden formar la compañía “Arges”, representación mítica del rayo en la tormenta, de donde proviene los vocablos argentum: plata (la cual nunca obtuvieron con esa empresa) y derivados tales como argentina.  No por ser el mayor del grupo, sino por sus dotes naturales, Valarino fue el líder, cabecilla, ideólogo y mentor de la empresa pero, lamentablemente para una empresa comercial, demasiado idealista y puro. Prueba de ello fue el destino de la empresa “Alef” (la primera letra del alfabeto hebreo y título del cuento más notable, en mi opinión, de Jorge Luis Borges). Esta fue creada por el mismo grupo al año siguiente, 1969, para dedicarse a la ejecución de obras y complementar las funciones de Arges. Mientras estuvo a cargo del grupo inicial, la compañía nunca arrancó y todo el tiempo se les fue en hacer planes y presentar presupuestos; como al año se la vendieron a Florencio Bustamante y a Fabio Osorio, quienes la pusieron a valer y se dice que lograron buenas ganancias por muchos años.
               Gonzalo confiesa que su relación con Raúl Valarino se transformó en una gran amistad, signada por una profunda admiración de su parte. Añade que el espíritu organizador y el empuje de Raúl fue lo que permitió arrancar con esas empresas que, en lo personal, le dieron a Gonzalo las bases para ejercer profesionalmente y sobrevivir hasta el día de hoy.
Esta foto debe haber sido tomada de noche, la camisa es manga larga. (Cortesía de AnaIsabel Valarino)


               A mediados de 1995 me encontraba yo residenciado en la Isla de Margarita y leí en el periódico que se le rendiría un homenaje al profesor Raúl Valarino. ¿Qué nueva cosa buena habrá añadido Raúl a su palmarés, para que se le reconozcan sus méritos? fue la pregunta que me hice. Al leer la noticia encontré la triste respuesta de que simplemente había muerto. Falleció el 9 de abril de 1995, cuando le faltaban menos de cuatro meses para celebrar treinta y nueve años de graduado. Los egresados de la promoción de Ingenieros Electricistas de diciembre de ese año lo nombraron su padrino póstumo. Me imagino que esta distinción la disfrutaría desde las alturas, con el saco del traje recostado en una nube, luciendo su camisa blanca manga corta de cuello y su corbata de lacito, tratando de determinar quiénes de sus ahijados iban a parar en docentes, quienes serían buenos ingenieros y quienes simplemente se ganarían la vida de alguna otra forma.

Comentarios

Elizabeth Valarino ha dicho que…
Querido Luis. Muy hermoso y emotivo recuerdo de mi hermano Raúl a quien conociste de forma mas cercana que yo. Que memoria tan prodigiosa tienes. Agradecida. Un abrazo
Leonora Valarino ha dicho que…
Gracias por sus palabras. Exelente homenaje a quien dedicó tanto tiempo por un mejor país y por mejores ciudadanos. Exigía la exelencia como padre y como profesor.
Leonora Valarino ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Leonora Valarino ha dicho que…
PD. La segunda foto fue toma recibiendo el año 1994
hjguerra ha dicho que…
Gracias Luis por mantener presente vivencias y experiencias importantes e inolvidables en nuestras vidas. Fui alumno de Raúl en Mediciones Eléctricas. La verdad, de primer momento fue difícil entender sus estrategias educativas con no pocos ratos difíciles (comento que pasé la materia y no en la rayita). Pero considerado retrospectivamente, me alegro de haber tenido un profesor (Maestro) como Raúl. Un abrazo. Saludos para tod@s quien acceden a tu extraordinario blog. Hugo J. Guerra (Promoción Juan José Martini - 1964).
Ana Veliz ha dicho que…
Me siento complacida de que en este articulo este nombrado mi padre Reinhold Julius Pedersen, quien es un gran hombre que dio mucho al sector electrico de este pais.

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Nacido en Sartenejas

Ingenieros Electricistas UCV 1950 a 1971.