Del Cuquero y sus alrededores

Cuando en 1974 Lorenzo Fernández fue candidato presidencial de COPEI, yo ya llevaba siete años siendo socio del Diners Club y siempre recibía la tarjeta de crédito con mi nombre perfectamente troquelado. Pero ese noviembre me llegó a nombre de Luis Lorenzo, lo cual indica que muchas veces uno no lee lo que está escrito y oye algo distinto a lo que le dicen. Ese es el secreto de muchos de los que se dicen políglotas y hablan bajito, para que el cerebro del interlocutor complete el discurso. En el caso del dinero plástico la distorsión vino por la intensidad de la campaña política, pero no es de eso de lo que quiero hablar, sino del sobrenombre y sus alrededores. Para ello arranco con lo que le pasó al amigo Isidro Alonso, quien se quejaba de que Gamaliel González en vez de contestarle la pregunta que la había hecho por el celular, lo había mandado a hablar con la OEA. Pero si Gamaliel hubiera dicho Comiquita en vez de Ojeda, otro gallo habría cantado. Sin ánimo de ofender a nadie, al final doy una lista alfabética de casi todos los nombres que se corresponden a los apodos aquí mencionados, excluyendo los identificados a lo largo del texto.

Los sobrenombres es algo que acompaña a las personas toda la vida. En mi libro Entre Gigantes de Piedra, tengo un capítulo dedicado a este inagotable tema. Cuando estudiábamos en la Universidad Central de Venezuela uno de los compañeros, Eduardo Sánchez Ramos, contrajo nupcias. Gustavo Tellería, alias Pío XII, llegó temprano a la fiesta y no vio ninguna cara conocida. Para que supieran que no era ningún coleado, lo único que se le ocurrió fue preguntar a lo anfitriones por Fefé, sin saber que ese remoquete era odiado por la familia de Eduardo. Mi profesor de dibujo en quinto año en el liceo Carlos Soublette se apellidaba Rodríguez, pero le decían manzanita, porque era extremadamente blanco y el frío de la Caracas de esos años le mantenía las mejillas rosadas. Pero si a algún despistado interiorano como el ñero Pablo Rodríguez se le ocurría preguntar cual era el nombre del profesor, Rodríguez Figuera (Firulai) saltaba a decirle que preguntara por el profesor Manzano.

Recién llegado yo a Amuay, me dieron la cola hacia la refinería en un carro donde iba de pasajero Ernesto Blanco. El conductor, creo que era Carlos Guillamón, a manera de presentación me pregunto que si yo conocía a Ernesto y yo contesté afirmativamente, diciendo que Coquito Blanco era el futbolista más famoso de todos los que alguna vez formaron parte del equipo de la Facultad de Ingeniería en mis tiempos de estudiante. Luego vine a saber por el propio Ernesto, que él había tratado de deslindarse de ese apodo cuando empezó a trabajar en la petrolera, pero que había fracasado en su intento por ser un mote familiar que trascendió hasta el ámbito del fútbol profesional. Hablando de Ernesto, una vez un ingeniero que se acababa de incorporar al grupo eléctrico cazó una culebra en el patio de su casa y quería embalsamarla. Ya que no sabía cómo hacerlo, apeló a aquello de preguntarle a los colegas, con la mala suerte de que el primer interrogado fue Ernesto Blanco quien lo mandó a hablar con otro colega que tenía apellido de músico alemán o de lanzador de béisbol del Caracas, al cual le habían puesto un apodo de ofidio porque balanceaba la cabeza hacia delante y hacia atrás al caminar. Finalmente el paño de lágrimas fui yo; el colega electricista me dijo que cuando empezó a hablarle de la culebra al ingeniero, éste se levanto de la silla y creía que iba a cruzarle la cara con un bofetón, pero se contuvo y le pregunto: – ¿quién te mandó a hablar conmigo? – y ante la respuesta recibida masculló entre dientes: – Ese coño de su madre.

En el ámbito deportivo es donde más abundan los sobrenombres. El una acto realizado en el Club Los Cortijos homenajearon muy merecidamente a Humberto Pipita Leal, Jesús Morales Valarino (Chuchú) y a Luis Romero Petit (Out por regla). Le tocó ser maestro de ceremonias a Herman Chiquitín Ettedgui. En la Universidad Simón Bolívar la batuta se la llevan los peloteros, ya sean profesores, estudiantes, empleados, obreros o invitados. De los cuatro últimos grupos, amén del mencionado Comiquita, un fenómeno con el guante y con el bate en la prácticas mas no así cuando el juego va en serio, nos vienen a la memoria los remoquetes de Alambrito, Alvarito, Bob Rivers, Bola ’e Perro, Bam Bam, el literalmente desparecido Caballito, Cara ’e Bicho, Chan, Clavito, Cuatro-Cuatro, El Cochinito, El Conejo, Come Mango, Guapo Doble, El Guayú, Jalea, Jaleíta, Juanchi, Maguila, El Maloso, El Maracucho, Margarito, El Morocho, Norte y Sur, El Ñoño, El Ovejo, Parcha, Pataruco, El Perro, Puño ’e Sal, Radio Fiao, El Rey del Arroz, Saltarín, Sombra, Taparita, Tapipa, quien más que todo trotaba a diario pero que jugaba softball en los ínter carreras, Tizón y Toby. Por cierto que este Parcha no tiene nada que ver con los llamados Gay, porque el sobrenombre era Flor de Parcha, por la forma particular que tenía su cabellera. Bola ’e Perro siempre se pasaba hacia delante buscando los batazos elevados y las bolas le quedaban atrás. Radio Fiao habla más que Isidro Alonso. Se dice que a Sombra le habían ofrecido un trabajo en la Universidad Simón Bolívar y se convirtió en la sombra del oferente hasta que por fin obtuvo la chamba. Los profesores tenemos a El Negro, Oswaldito, nuestro propio Pataruco, a más de un Puente Roto a quién no lo pasa nadie, San Antonio y El Tucán. San Antonio se ganó el remoquete porque cada vez que le tocaba lanzar y empezaba a perder el control sobre los lanzamientos, imploraba a ese santo diciéndole que le quitara ese bolero. En las crónicas deportivas que el rector Ernesto Mayz Vallenilla escribía, a Marcelo Guillén lo llamaba el Venado, por la velocidad que tenía en sus piernas a pesar de que fumaba más que Juan Carlos Pérez Toribio o que Luis Pino. A mi, Daniel Pilo empezó a llamarme el Loro-Mosca, cuando decidí ponerme a jugar tercera base en el equipo de béisbol de la USB de principios de los años setenta; esta difícil posición es poco apetecida y en ella no hay lugar ni tiempo para distraerse.

En estos días me llegué hasta Baruta buscando a Hugo, un herrero que me ha realizado unos trabajos en la casa y de cual sólo tenía la referencia de que maneja un jeep para Ojo de Agua. Nadie pudo darme razón de él, porque todos se conocen es por el apodo. Me preguntaron si no se trataría de Burro con Sueño, lo cual me hizo recordar a un profesor de la Simón Bolívar que no practicaba ningún deporte pero que trotaba a menudo por todo el campus. En el mismo pueblo de Baruta había allá por los años setenta un fiscal flaco al que llamaban Sardina Podría, del cual espero contarles pronto una anécdota. En el lenguaje del béisbol a una mujer que está bien buena le dicen que es un cuarto bate o la llaman flai al pitcher, porque todos la quieren coger. En ese mismo entorno, a la mujer que le para a todo el mundo la llaman pelotera. La Willie Mays fue el apodo que le pusieron a una secretaria de la Escuela de Eléctrica de la Universidad Central de los años sesenta, en honor a uno de los mejores peloteros de esa época y a los extraordinarios atributos físicos y a lo entradora que era de la fémina de marras.

Termino justificando el título de estas líneas. Por mucho tiempo el cafetín que está en los vestuarios del softball y del béisbol fue atendido por Dámaso Hernández, a quien llamaban El Papujo. Él prestaba sus servicios en la universidad y al salir del trabajo se dedicaba a vender frescos y chucherías. Mientras uno de sus muchos hijos atendía en el mostrador, Dámaso se desplazaba hacia las tribunas cargando un cuñete de los de pintura lleno de latas de refresco, que yo llamaba en mis crónicas El Coleman de Dámaso, y una bolsa de catalinas. Apenas aparecía, los presentes gritaban Llegó el cuquero, remoquete que a un hombre prolífico como él más bien le agradaba.

Nombres: Juan Arguinzones, Luis Arrieta, Mauricio Azagoury, Jaime Blandín, Armando Castro, Luis Espinoza, José Joaquín Flores Pino, José Luis Galindo, Jorge García, Antonio Gamaliel González, Darío González, Diego Graciano, Germán González, Manuel González, Francisco Gutiérrez, César Hernández, Luis Hernández, Richard Hidalgo, Robert Hidalgo, Israel Hurtado, Juan Marrero, Álvaro Martínez, José Tobías Méndez, Ramón Montezuma. Humberto Nicolai, Luis Negrín, Oswaldo Núñez, Alexis Ojeda, Elvis Quiroz, Rafael Ortega, William Oviedo, Andy Pereda, Douglas Pereda, Alexis Pérez, Teoblado Pérez, Gustavo Ramírez, José Ramírez, Nelson Ramírez, Roberto Ríos, Domiciano Rodríguez, Guillermo Rojas, Noel Rojas Arrieche, Alfredo Rosas, Rafael Strauss, Francisco Velásquez, Oswaldo Vera y Daniel Silva.

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Ingenieros Electricistas UCV 1950 a 1971.

Nacido en Sartenejas